La central ciudad vietnamita de Da Nang abrió al público una exposición de 19 tesoros nacionales, despertando el alma de estas reliquias y tejiendo un diálogo fascinante entre un pasado glorioso y el ritmo de la vida urbana contemporánea.

En el corazón de esta ddinámica urbe costera, donde los rascacielos de cristal se reflejan en las aguas del río Han, existe un espacio donde el tiempo parece detenerse. Al atravesar las puertas del Museo de Escultura Cham, el ruido del tráfico se desvanece y da paso a la quietud solemne de esculturas de arenisca que, con más de mil años de historia, custodian la memoria de una civilización ancestral.
Para los visitantes, la experiencia es como adentrarse en un viaje donde patrimonios milenarios despiertan y vuelven a resplandecer en medio del paisaje urbano, pues pueden admirar tesoros nacionales que narran la edad de oro de las brillantes civilizaciones de Dong Son, Sa Huynh y Champa.
Entre los tesoros expuestos, la estatua de bronce de la bodhisattva Tara es la pieza más fascinante y cautivadora. Considerada la obra maestra más refinada del arte de fundición en bronce de los Champa, esta escultura transmite una poderosa mezcla de autoridad y compasión, acentuada por la intensidad de sus ojos con incrustraciones de piedras preciosas. Bajo la iluminación artística, la pátina verde ancestral del bronce hace que Tara aparezca como una “Mona Lisa” de Oriente, envuelta en un aura de misterio.


La estatua del Bodhisattva Tara. Se trata de una bodhisattva femenina en el budismo Mahayana y Vajrayana, que simboliza la compasión, la liberación del sufrimiento y la iluminación. (Foto: Vietnam+)
Tras su deslumbrante belleza se oculta una historia marcada por enigmas y altibajos que se extendió durante casi medio siglo. La escultura fue descubierta en 1978 por agricultores en el monasterio budista de Dong Duong, enterrada a 1,5 metros de profundidad. Para entonces, la pieza ya había sufrido la fractura de ambas manos, consecuencia de la confusión sobre el valor de su metal.
Durante varias décadas, la estatua permaneció incompleta, sin sus atributos rituales. No fue hasta finales del año 2023 cuando, tras los persistentes esfuerzos de investigadores y autoridades, la flor de loto y la caracola originales fueron finalmente restituidas y reintegradas a la escultura.

El exsubdirector del Departamento de Cultura, Deportes y Turismo de la provincia de Quang Nam (ahora fusionada a la ciudad de Da Nang), el investigador Ho Xuan Tinh, explicó que la comparación de las fracturas y de las piezas halladas disipó toda duda: la mano derecha de Tara sostenía una flor de loto, mientras que la izquierda portaba una caracola, símbolo del sonido de la enseñanza budista.
Huynh Mai Bao Phuong, guía del museo, señaló que esta restauración no solo recrea la apariencia original de un tesoro nacional, sino que también constituye una prueba del poder de la conservación en medio del turbulento devenir de la historia.
Si Tara encarna la perfección de la metalurgia, los altares de arenisca como My Son E1 y Tra Kieu son verdaderas epopeyas talladas en piedra. El altar de My Son E1 (siglos VII-VIII) es considerado el testimonio visual más valioso de la vida monástica temprana. En sus 14 bloques de piedra, los artesanos plasmaron con minucioso detalle escenas cotidianas de los brahmanes: leyendo escrituras, impartiendo enseñanzas, practicando yoga o interpretando música en plena naturaleza.




El altar de Mỹ Sơn Sanctuary (imagen izquierda) y el altar de Tra Kiêu (imagen derecha). (Foto: Vietnam+)

Mientras tanto, el altar de Tra Kieu cautiva con sus bailarinas apsaras (ninfas celestiales de la mitología hindú y budista) representadas en la elegante postura tribhanga. Sus delicadas terminaciones parecen haber derretido la dureza de la piedra bajo la mano magistral de los escultores. Las escenas ilustran episodios del Ramayana, especialmente la boda de Rama y Sita, en el característico estilo artístico de Tra Kieu del siglo X, considerado el apogeo de la escultura cham.
El clímax de este viaje patrimonial se revela ante la estatua de Shiva en My Son C1. Bajo la serenidad de su postura late un debate académico que aún permanece abierto.
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Mientras el arquitecto Henri Parmentier la interpretó como una imagen de Shiva en actitud mendicante, investigadores contemporáneos consideran que representa al Devaraja, o “Dios-Rey”, símbolo de la unión sagrada entre poder real y divinidad suprema. La majestuosidad de la obra se reafirma en sus lóbulos alargados y perforados, donde alguna vez pendieron aretes de oro macizo de hasta 1,5 kg, transformando la escultura en el retrato de un monarca con aura divina.
En la visión espiritual del antiguo pueblo cham, Shiva ocupaba el lugar supremo, una presencia reflejada con fuerza en la colección de tesoros nacionales del museo. Entre las obras más notables sobresale el Mukhalinga —un linga con rostro divino— hallado tras una intensa tormenta en My Son en 2012. La imagen del semblante de Shiva emergiendo del linga encarna tanto la potencia creadora como la veneración al Dios-Rey.
De carácter aún más misterioso es la cabeza de Shiva (Kosa), trabajada en una aleación de oro y fechada a comienzos del siglo X. Esta pieza cumplía la función de revestimiento ritual en la parte superior del linga durante las ceremonias más solemnes. Con tres ojos, el cabello recogido en delicados mechones y largos aretes, el Kosa de Shiva no solo revela la destreza incomparable de la orfebrería cham, sino también la magnificencia y el poder de la dinastía Champa en su época de mayor esplendor.

El recorrido patrimonial en Da Nang no se limita a la civilización Champa. La presencia de tambores de bronce de Dong Son y del conjunto de joyas de oro de Lai Nghi, perteneciente a la cultura Sa Huynh, completa un panorama de extraordinaria diversidad cultural.

El tambor de bronce Dong Son (siglos III-II a. C.) sobresale por sus motivos decorativos inéditos, entre ellos figuras de comadrejas de cola erizada y pavos reales posados sobre tortugas. Por su parte, las 108 piezas de joyería en oro halladas en Lai Nghi reflejan la opulencia y el refinamiento alcanzados por la orfebrería de los antiguos pobladores del centro de Vietnam. La reunión de tesoros provenientes de diversas culturas en un mismo recinto confirma que Da Nang ha sido, desde tiempos milenarios, un cruce de caminos y un espacio privilegiado de intercambio cultural.
Esta exposición de 19 tesoros nacionales supera con creces el concepto de una muestra convencional. El Museo de Escultura Cham ha incorporado tecnologías contemporáneas para dar nueva voz al patrimonio: basta con escanear un código QR para que los visitantes interactúen con el pasado desde sus teléfonos inteligentes y exploren en detalle la historia y el significado de cada relieve tallado en piedra.




Cuatro de los 19 tesoros nacionales. (Foto: Vietnam+)
De acuerdo con la directora del museo, Le Thi Thu Trang,el objetivo principal es ayudar al público a entender con mayor profundidad la identidad cultural de una nueva Da Nang: una ciudad moderna, pero de profundas raíces históricas y rica en experiencias patrimoniales. Con decenas de miles de visitantes cada mes —la mayoría foráneos—, estos tesoros nacionales se han convertido en auténticos embajadores culturales silenciosos, proyectando la imagen de Da Nang hacia el mundo.
El viaje de mil años sigue latiendo en el corazón de la ciudad. Estos tesoros no permanecen inmóviles tras vitrinas de cristal; están vivos, inspiran y evocan el esplendor de las raíces compartidas. Da Nang no solo levanta modernos puentes sobre el río Han, sino también “puentes culturales” que enlazan pasado y futuro, asegurando que los tesoros nacionales continúen siendo el alma de una urbe contemporánea portadora de un patrimonio incalculable./.
