La gratitud a los antepasados, fuente de fortaleza nacional
LongForm - Ngày đăng : 15:04, 09/09/2026
La gratitud a los antepasados, fuente de fortaleza nacional

En el caudal de la cultura vietnamita, los principios de “al beber agua, se recuerda el manantial” y “al comer una fruta, se recuerda a quien plantó el árbol” han sido durante generaciones un hilo conductor que une a los vietnamitas con sus raíces.
De ese profundo sentimiento de gratitud hacia las generaciones precedentes ha nacido un fuerte sentido de comunidad, se ha forjado la voluntad de la gran unidad nacional y se ha construido una fortaleza extraordinaria que permitió al país superar innumerables guerras de defensa nacional. Hasta hoy, ese valor permanece plenamente vigente y constituye una fuente inagotable de fortaleza espiritual que alimenta la confianza, la determinación y la aspiración de avanzar en el camino hacia la construcción de un Vietnam poderoso, próspero y feliz.
Desde el sagrado cauce de la tradición
Desde el seno de cada familia, con el altar ancestral envuelto en el humo perfumado del incienso, donde los descendientes rinden homenaje a sus abuelos y padres, hasta los rituales y costumbres propios de cada linaje, todo expresa una profunda gratitud hacia quienes dieron la vida a las generaciones posteriores y contribuyeron a construir y preservar sus raíces.
Más allá del ámbito familiar, esta tradición se elevó al plano de la conciencia nacional a través de la veneración de los Reyes Hung, considerados los fundadores de la nación, quienes sentaron las bases del Estado de Van Lang y dieron inicio al proceso de construcción del país.
A lo largo de miles de años de construcción y defensa nacional, la historia de Vietnam constituye una epopeya escrita con el sudor, las lágrimas y la sangre de innumerables generaciones. En esta estrecha pero indomable franja de tierra, nuestros antepasados no solo afrontaron con perseverancia la dureza de la naturaleza y los desastres naturales, sino que también se levantaron una y otra vez para derrotar a poderosos invasores extranjeros, dejando páginas gloriosas en la historia nacional. Detrás de cada victoria hubo sacrificios y pérdidas, tanto humanas como materiales. Pero fue precisamente en medio de esas pruebas donde se forjaron el temple y la voluntad del pueblo vietnamita, así como sus tradiciones de patriotismo, solidaridad e indomabilidad.

Desde los sagrados orígenes de la nación, en la época de los Reyes Hung, el espíritu de independencia, autodeterminación y aspiración a la autosuficiencia ha fluido de generación en generación sin interrupción. Desde las dinastías feudales, con las célebres victorias en el río Bach Dang y el paso de Chi Lang, hasta la victoria de Dien Bien Phu, que “resonó en los cinco continentes y sacudió al mundo”, y la Gran Victoria de la Primavera de 1975, cada hito glorioso ha sido la cristalización de la fuerza de la comunidad.
Se trata de una herencia transmitida ininterrumpidamente desde la época de los Reyes Hung hasta la era de Ho Chi Minh, en la que los valores fundamentales de la nación han sido preservados, promovidos y enriquecidos a lo largo de cada etapa histórica.
En todo el país, las casas comunales, templos y santuarios dedicados a los antepasados, a los héroes nacionales, a quienes fundaron aldeas y asentaron comunidades, así como a los maestros de los distintos oficios, continúan preservando silenciosamente la memoria colectiva y cultivando, de generación en generación, el sentido de gratitud.

Cuando nació la República Democrática de Vietnam, en el otoño de 1945, bajo el liderazgo del Partido y del Presidente Ho Chi Minh, esta tradición fue heredada y desarrollada hasta alcanzar una nueva dimensión. Se convirtió así en un importante fundamento espiritual para reunir la fuerza de todo el pueblo en la lucha por la independencia, la defensa de la Patria y la construcción de un país próspero.
Cada mes de julio, esta tradición vuelve a cobrar especial significado al recordar un acontecimiento ocurrido hace 79 años. El 27 de julio de 1947, el Presidente Ho Chi Minh eligió esta fecha como el Día de los Soldados Heridos, posteriormente conocido como Día de los Inválidos de Guerra y Mártires.
Desde entonces, esta fecha se ha convertido en un importante hito de la historia nacional, recordando a todo el Partido y a todo el pueblo la responsabilidad de seguir cultivando la tradición de “al beber agua, se recuerda el manantial”, un noble valor humanista arraigado en miles de años de historia.
En el corazón del pueblo vietnamita, el Presidente Ho Chi Minh se erige como un símbolo sagrado del patriotismo, de la voluntad de independencia y de la aspiración a la libertad. Su vida y su trayectoria están indisolublemente ligadas a las grandes victorias de Vietnam en el siglo XX, que abrieron una nueva era de independencia, unidad y desarrollo nacional.

Sus enormes contribuciones han sido atesoradas por generaciones de vietnamitas y confirmadas por la historia. Además de ser reconocido como héroe de la liberación nacional y una destacada figura cultural de Vietnam, Ho Chi Minh recibió también el reconocimiento de la comunidad internacional. La UNESCO aprobó una resolución recomendando a sus Estados miembros participar en la conmemoración del centenario de su nacimiento.
Por ello, preservar la imagen, el honor y el legado del Presidente Ho Chi Minh no solo constituye una expresión de gratitud hacia una gran figura de la nación, sino también una forma de salvaguardar los valores perdurables que han contribuido a forjar la identidad, el temple y las aspiraciones de Vietnam.
Confianza para avanzar con paso firme hacia una nueva era
Heredero del gran pensamiento del Presidente Ho Chi Minh, el Partido ha reafirmado de manera consecuente que las personas ocupan el centro de la estrategia de desarrollo, son los sujetos creativos, el objetivo último y el motor decisivo de todos los logros.
En el camino hacia una nueva era de desarrollo, la aspiración de construir un Vietnam poderoso, próspero y feliz no se mide únicamente por el tamaño de la economía o el ritmo de crecimiento. En última instancia, se sustenta en la fuerza del pueblo vietnamita: en su patriotismo, su voluntad de autosuficiencia, su espíritu de solidaridad y su permanente deseo de contribuir al desarrollo del país.


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Una nación se vuelve verdaderamente poderosa solo cuando la fortaleza económica va de la mano de la fortaleza cultural, y cuando el desarrollo material se sustenta en una sólida base espiritual. (Foto: VNA)
Los recursos materiales pueden fortalecerse mediante la inversión, mientras que la ciencia y la tecnología pueden incorporarse a través de la integración internacional. Pero los recursos espirituales, el fundamento más sólido y duradero de una nación, solo pueden cultivarse a partir de la profundidad de su cultura, de su tradición histórica y de la confianza del pueblo. Por ello, la gratitud no debe entenderse únicamente como un valor moral. También constituye un recurso para el desarrollo y un componente esencial de la fuerza endógena de la nación.
Cuando cada ciudadano es consciente de los sacrificios realizados por las generaciones anteriores y de la responsabilidad de preservar los valores conquistados con sudor, sangre y anhelo de independencia, la gratitud se transforma en responsabilidad, voluntad de superación y deseo de contribuir a la Patria.
Hoy, en el proceso de renovación y de profunda integración internacional, esa fuerza continúa fortaleciéndose a través de la aspiración a innovar y del deseo de dominar la ciencia y la tecnología, desarrollar la economía del conocimiento y aprovechar los nuevos valores de la humanidad. Cuando la memoria histórica se convierte en impulso para la innovación y la tradición se proyecta hacia el futuro mediante el pensamiento creativo y la aspiración de alcanzar nuevas cimas, la nación adquiere mayor fortaleza para superar los límites, transformar los desafíos en oportunidades y convertir las aspiraciones en realidad.
Este es también el camino para alcanzar el objetivo de desarrollo nacional fijado para 2045, año en que Vietnam aspira a convertirse en un país desarrollado y de altos ingresos. El éxito no se reflejará únicamente en los indicadores de crecimiento económico o en unas infraestructuras modernas, sino también en la calidad de vida de la población, en una cultura rica en identidad nacional, en una sociedad humana y solidaria y en una posición cada vez más sólida de Vietnam en la comunidad internacional.
En medio del intenso flujo de información del ciberespacio, no faltan contenidos falsos destinados deliberadamente a difamar, distorsionar la historia y menoscabar la imagen de los grandes personajes que han contribuido a la causa nacional. Recientemente, el libro titulado “Historias con Thanh: un nuevo relato sobre la luz” junto con diversos contenidos que distorsionan la imagen del Presidente Ho Chi Minh y de otros líderes históricos, se ha convertido en un ejemplo de este tipo de intentos de tergiversación.
Aunque se presenten bajo la apariencia de nuevos argumentos o de interpretaciones particulares, esos productos no pueden hacer tambalear los valores que la historia ha confirmado.
Los méritos de las generaciones anteriores no solo están registrados en los libros de historia, sino que también se reflejan en cada etapa del desarrollo nacional y permanecen profundamente arraigados en el corazón agradecido de millones de vietnamitas. Por ello, cualquier acto de difamación, tergiversación o negación de la historia suscita una firme respuesta de la opinión pública. La verdad histórica es como un faro que permanece firme frente a las tempestades del tiempo, mientras que las contribuciones de los antepasados continúan brillando como valores perdurables, imposibles de ocultar tras la niebla de la falsificación.



El secretario general del Partido Comunista y presidente de Vietnam, To Lam, entrega la fotografía "El Tío Ho con los niños" a destacados miembros de la Asociación de Jóvenes Pioneros Ho Chi Minh. (Foto:VNA)
El camino que tenemos por delante seguirá estando marcado por numerosas dificultades y desafíos, en un contexto internacional de cambios acelerados y competencia cada vez más intensa. Sin embargo, la historia nacional ha demostrado una verdad: cada vez que Vietnam ha sabido combinar la fuerza de la tradición con las aspiraciones de su tiempo, ha logrado avances de trascendencia histórica.
Un árbol solo puede crecer alto cuando hunde profundamente sus raíces en la tierra; del mismo modo, una nación solo puede avanzar lejos cuando se sostiene sobre sus raíces históricas y sus valores tradicionales perdurables. Cada etapa del desarrollo nacional, iluminada por la gratitud hacia las generaciones anteriores y guiada por la aspiración de cada ciudadano de contribuir, puede generar una poderosa fuerza endógena.
Así, el principio de “al beber agua, se recuerda el manantial” no solo constituye una hermosa tradición cultural transmitida de generación en generación, sino también una fuente permanente de fortaleza espiritual que impulsa a Vietnam a avanzar con firmeza hacia la realización de su aspiración de convertirse en un país poderoso, próspero y feliz./.